LA REPUBLICA : EDITORIAL : Dos alcaldes, dos
Dos alcaldes, dos
Si usted pasa por la Residencial San Felipe, a la altura de su centro comercial, podrá verlos desfilando. Son un conjunto de vecinos que portan pancartas y comparten una preocupación común: se oponen a las pretensiones de una conocida empresa de supermercados que, con el pretexto de "ampliar y mejorar" su local comercial, pretende apoderarse de 5,000 metros cuadrados de un espacio que ha sido área pública por más de 40 años, es decir desde la inauguración del conjunto habitacional por FBT.
Obra pionera en su tipo, en la Residencial San Felipe y sus edificios habitan unas mil familias de Jesús María. El conjunto nada tiene que ver con las torres de cemento que invaden hoy el distrito y cuyos constructores en lo último que piensan es en las áreas verdes. Este núcleo habitacional, que en su momento movilizó a reconocidos arquitectos y urbanistas, está pensado como una pequeña ciudad, con amplias alamedas y jardines y cuenta con todos los servicios.
Como bien advierte el arquitecto Adolfo Córdova Valdivia, autorizar un proyecto de esta naturaleza atentaría contra la unidad de la Residencial San Felipe y la partiría en dos. Por lo demás, si la empresa comercial beneficiada desea ganar espacio, bien podría construir un segundo y tercer piso, sin pretender crecer a costa de los espacios comunes. El problema es que el proyecto cuenta con el apoyo del alcalde Ocrospoma, quien ofrece ceder el espacio por 40 años. ¿Y la calidad de vida de los vecinos no cuenta?
En el otro extremo de la ciudad, en el distrito de Barranco, otro municipio destaca por su arbitrariedad. Y lo peor es que la ejerce contra un espacio destinado a producir y difundir cultura: el futuro Museo de Arte Contemporáneo, en construcción en el denominado Parque de La laguna, un espacio tradicional desaparecido y que unos cuantos nostálgicos quieren resucitar. El problema es que lagunas la ciudad puede tener muchas, pero Museo de Arte Contemporáneo uno solo, y nos hace gran falta.
Es verdad que el proyecto ha tomado retraso, pues si hay algo difícil en nuestro país es lograr fondos para la cultura (para prueba el Teatro Municipal, en abandono desde hace un decenio), pero no es cierto que no se haya hecho inversión, tal como lo demuestran las estructuras inconclusas. Y un retraso no autoriza al municipio a pretender la clausura del MAC y su expulsión. El problema de algunos distritos limeños es que sus alcaldes los consideran como feudos, y a los vecinos vasallos y no ciudadanos. Jesús María no merece la invasión de un espacio público; Barranco –y Lima toda– necesita ese museo. ¿Es tan difícil lograr que lo entiendan?
