sábado 15 de marzo de 2008



LA REPUBLICA : Sinesio López, sobre la Residencial San Felipe


El Zorro de Abajo. Residencial San Felipe
Sinesio López Jiménez.

Lo que sucede en la Residencial San Felipe (Jesús María) es una fiel reproducción en pequeña escala de lo que pasa actualmente en el país en grande: una empresa (Supermercados Peruanos) que quiere expandir su negocio, afectando el bienestar y la tranquilidad de sus moradores; un alcalde patrimonialista que cree que la propiedad privada en condominio es pública (del Estado) para venderla como si fuera su chacra; y los residentes de clase media que se han movilizado para frenar la voracidad de la empresa y del alcalde con imaginativas dramatizaciones: cacerolazos diarios, desfiles sabatinos frente a la tienda, participación masiva y alegre de jóvenes y niños y acalorados debates en páginas web, sazonados con humor democrático. Eso atrae la atención de los medios que ayudan a iluminar los juegos ocultos del poder económico y político local y a potenciar la fuerza de las dramatizaciones de los moradores.

Cada actor, como es obvio, tiene sus propias intereses y motivaciones que chocan y definen el escenario del conflicto. Aprovechando la corriente "nacionalista" que emergió en Lima con la venta de Wong a una empresa chilena, Supermercados Peruanos busca crecer aumentando su inversión comercial y sus ganancias, lo que puede ser legítimo. Eso trae consigo, sin embargo, el cambio del carácter residencial de San Felipe y su transformación en zona comercial con todas las incomodidades y pérdidas que eso implica, lo que hace ilegítima la pretensión empresarial. El alcalde apoya el proyecto porque, dice, trae progreso para el distrito y sus moradores y, en nombre de ese supuesto progreso (construcción de la alameda, el ágora, el bulevar y el centro comunal), pretende privatizar la propiedad del condominio de San Felipe, acusando a sus opositores de ser radicales y de politizar el proyecto empresarial. Para llevarlo adelante ha organizado una "pequeña coalición" con Supermercados y ha dejado, de ese modo, de representar los intereses de los ciudadanos (de San Felipe) para defender los de la empresa. Esa coalición ilumina los reales y oscuros intereses del alcalde y compañía. Muchas investigaciones en el Perú y en el mundo han demostrado la estrecha asociación existente entre las privatizaciones y las concesiones y las diversas formas de corrupción de funcionarios. Ante la resistencia de los moradores, el alcalde pretende legitimar su decisión convocando a una consulta ciudadana, lo que es legalmente improcedente dado el carácter privado del condominio.

¿Qué es lo está en juego por el lado de los residentes? San Felipe constituyó, en la década del 60, una forma imaginativa de incorporar a las clases medias al mercado de vivienda. La idea que orientó a los creativos arquitectos que la diseñaron fue construir un conjunto residencial que equilibrara armoniosamente las viviendas con el comercio, los bancos, los servicios, los colegios, los centros de salud y el centro cultural. Esto es, establecieron una racional y agradable distribución funcional del espacio urbano. Todo ello acompañado de hermosas áreas verdes que constituyen el pulmón del conjunto y del distrito. Un joven biólogo ha estudiado la fauna que ha emergido de estas áreas verdes y ha encontrado una rica variedad de especies que forma parte de los atractivos del conjunto residencial. Después de todo, a los moradores nos resulta agradable ser despertados por el trinar competitivo de los pájaros y no por el espantoso rugido motorizado de la chatarra limeña. Lo que los residentes rechazan es la pretensión de Supermercados y del alcalde de quebrar la relación armoniosa y equilibrada de las viviendas con su entorno moderno de servicios y áreas verdes en la Residencial para instaurar una especie de Mall que incrementará sus ganancias, pero que vulnerará indefectiblemente la propiedad, el bienestar y la tranquilidad de sus moradores.

Como todo conjunto residencial, la convivencia social plantea algunos problemas que se resuelven a través del diálogo y a veces en debates agitados. Aquí señalo brevemente dos: la tensión entre lo público (que deriva del hecho de vivir en colectividad) y lo privado y la cuestión de la intimidad. No hay linderos precisos entre lo público y lo privado. Ellos son establecidos por la convivencia social misma. He aquí un ejemplo: en un edificio del conjunto residencial, el portero se separó de la esposa. Algunas señoras estaban en contra de esa separación. Asamblea de los residentes y debate público. Acuerdo: lo que pasa en los departamentos es privado y lo público es la limpieza del edificio, el cuidado de los jardines, la seguridad, el buen trato entre vecinos. Una señora acusó al portero de enamorar a todas las empleadas del hogar. Acuerdo: si el portero se transforma en el terror de las empleadas del hogar, eso es un asunto público y hay que llamarlo al orden. La intimidad, a su vez, no está totalmente salvada, pero es mejor preservada en los departamentos amplios de San Felipe que en las cajas de fósforos que promueve el Ministerio de Vivienda.

Fuente: Diario La República, 14 de marzo



PERU 21 : Guillermo Giacosa Opina




El martes pasado estuve presente en el cacerolazo diario que a las 8 p.m. se produce en la Residencial San Felipe. Fui como periodista, como antiguo vecino y, por sobretodo, como ciudadano obsesionado por evitar que la ciudad se convierta en un zoológico más neurotizante de lo que ya es.

Cuando digo ‘zoológico’ no me refiero peyorativamente a sus habitantes sino al efecto que el zoológico produce en quienes están allí, cautivos. No hay relación entre el carácter de un animal enjaulado y el de un animal libre en su hábitat natural. Los animales enjaulados desarrollan conductas atípicas y neurosis que, en algunos casos, suelen acelerar su muerte.

De algún modo el ser humano, en ciudades demencialmente grandes como ya lo es Lima, no escapa, por su naturaleza animal y por su pasado en estrecho contacto con la naturaleza, a esta regla, y no son pocas las enfermedades físicas y psíquicas que tienen su origen en este vivir casi promiscuo al que nos obliga la gran ciudad.

San Felipe no solo es un monumento histórico representativo de la arquitectura y del urbanismo limeños del siglo XX sino que constituye, también, un espacio sabiamente pensado, donde construcciones y naturaleza se complementan armoniosamente, permitiendo no solo albergar a un gran número de familias –en edificios sólidos y seguros– sino poseer espacios verdes que protegen de la contaminación y aíslan –como es el caso de los árboles– de los ruidos. Más aún, San Felipe tiene una flora y una fauna propias y hasta una serpiente ciega que no se halla en otras partes. Es, en suma, un espacio urbano diseñado para la vida humana en los límites que esto es posible en el interior de toda gran urbe.

El alcalde de Jesús María, a quien no conozco pero supongo otro afiebrado paladín de un desarrollo que no sabemos a dónde conduce, a pesar de que sepamos a quién beneficia, pretende construir, en esa suerte de oasis sanfelipino, un nuevo centro comercial con cines, patios de comida y todos esos servicios que, según la lógica, deben ubicarse en áreas que no perturben la vida de quienes allí habitan.

Dicen los vecinos: se multiplicará el número de visitantes, los taxis y los micros harán colapsar las entradas a la Residencial, los jardines serán usados como áreas de camping, aumentará la delincuencia como sucede en los grandes centros comerciales, se depreciarán los departamentos, se afectará severamente la calidad de vida. Por otra parte, aseguran que cuentan ya con los servicios suficientes para sus necesidades.

Más allá de la confrontación entre el gran negocio y una vida digna, pues de eso se trata, me alegra la actitud firme y decidida con la que los vecinos de San Felipe han enfrentado el problema. La unión exhibida debe ser tomada como ejemplo por todos aquellos que defienden con justicia sus derechos. Esa unión, sólida, sensata y fundamentada, esta única barrera frente a la prepotencia del capital. No se combate las inversiones, se combate sí aquellas inversiones que atentan contra los intereses del conjunto de la ciudadanía en beneficio de un pequeño grupo de especuladores.

“La Residencial San Felipe constituye, también, un espacio sabiamente pensado, donde construcciones y naturaleza se complementan armoniosamente”.
Fuente: Diario Perú 21, viernes 14 de marzo